Relato XIV – La canción

No para de preguntarse cómo se titula. Compás suave, melodía dulce, letra melancólica, no es la primera vez que escucha la pieza. No puede recordar cuándo fue la última vez. Quizás sentado en la barra de un bar de grandes ventanales, atravesado por la oscuridad proveniente del exterior, desde donde voyeurs pasajeros absorben parte de su copa, y la vomitan al instante. Allí se lamentaba de su cobardía y apuraba los últimos instantes de una copa que haría rebosar su consciencia amarga, dañina.

Quizás la oyó sonar en aquel coche aparcado a la puerta de casa, que tan violentamente cerró aquella noche. Aun lloviendo entre fogonazos de clarividencia y estruendo de tiempos nuevos, tuvo la certeza de que somos un cúmulo de cicatrices que ningún maquillaje puede ocultar.

O posiblemente en ese breve momento en que miró al cielo oleoso de un crepúsculo frío, solitario y alejado de toda injerencia externa, y habló con alguien, o algo, que le hizo entender cómo funciona todo, para acto seguido no entender nada en absoluto. Esa fue una soledad pura, plena, no la que el día a día le brinda ataviado de una mampara imaginaria, una cotidianeidad en la que centímetros se convierten en kilómetros, un roce en la piel es un punzón y una mirada dice menos que nada o más que lo deseable.

Las notas, como un psicotrópico, van lentamente modificando su percepción de la realidad, le convierten en algo que no es, en una proyección de sí mismo que no reconoce, un trance ineludible, de colores intensos con vida propia, que se mueven lentamente. Poco a poco deja que aquello le invada, no lucha, abandona la batalla, deja caer la muralla aún con el temor de que la ciudad caiga en el peor de los saqueos, temor que se torna certeza cuando siente una punzada en el estómago y una imagen del pasado, nítida, se presenta en su mente.

Un rostro difuminado, cuya melena se mueve con un viento que arrastraba las preocupaciones, y que pronto rescata de su memoria tirando de una cuerda que al otro lado sujeta un plomo de varias toneladas. Un conjunto de tonos apagados al fondo, y que poco a poco va engullendo el rostro, empequeñeciéndolo y alejándolo, hasta convertirse en un minúsculo punto. Para entonces la música ya le ha cambiado. Otra vez. Thunder Road, eso es.

No vine para quedarme

 

No vine para quedarme
Aunque me fuera para volver

Regresar sin ser el mismo
Es como no haber vuelto jamás

Como aquel anochecer que vimos
Que sólo acontece una vez

El batir de mis alas y de la razón
Azotan el aire que dejo atrás

Una gota de agua camino del mar
Y el río que ves no es el mismo después

Quien amanece contigo
Quien vuela contigo
Quien baja contigo
No es espectador, sino juez

La resignación es un suicidio cotidiano (Honoré de Balzac)

Dijo Honoré de Balzac, escritor francés del s.XIX, que la resignación es un suicidio cotidiano.

Posiblemente, Honoré no disponía de mucho papel o tinta en aquel momento y por ello dijo tanto en tan pocas letras. O quizás valorara la fuerza de un mensaje breve pero con mucho contenido. ¿Qué quiso decir exactamente? Esta es mi opinión.

Le podemos dar un sentido más amplio, como “resignarse a vivir”, amargarse la existencia y también uno más concreto, “resignarse ante dificultades concretas”. Basemos, si les parece, el trasfondo de la frase, en el hecho de que la probabilidad de que algo que perseguimos, anhelamos o soñamos, se logre en un primer intento, suele ser muy baja, eligiendo, por tanto, el segundo sentido. Esto nos da dos posibilidades:

– aprender de lo que nos hizo fracasar e intentarlo de nuevo, corriendo el riesgo de experimentar nuevos fracasos sufriendo así notables menguas en la paciencia, el tesón y la capacidad para afrontarlo de nuevo. En este caso la sensación que padecemos es la de inseguridad, pero como contrapartida es posible que recibamos el premio que nos esperaba al final del trayecto. Hemos de comprender que, normalmente, haciendo lo mismo se consiguen los mismos resultados. Para el mismo sistema, cuando las variables obtienen el mismo valor, el resultado es invariable. De manera que algún ligero retoque de nuestro plan se hace indispensable. No del objetivo, sino del modo a utilizar para alcanzarlo.

– tirar la toalla y abandonar la conquista de aquello que perseguíamos. En esta opción, encontraremos seguridad, tranquilidad, sosiego, ausencia de riesgo. Abandonamos toda posibilidad de alcanzar la meta que nos habíamos propuesto, dejando de ser un poco más nosotros mismos, nos hacemos un poco más opacos y vacíos.  John Lennon dijo “la vida es lo que ocurre mientras estamos ocupados haciendo otros planes”, que en esta reflexión encaja en la medida en que la vida está hecha de sueños, de planes. Una vez los sueños y los proyectos desaparecen, la vida como algo que nos llena también desaparece, se convierte en una vulgar espera del final. Un suicidio cotidiano.

Así, pues, tengamos muy presente a Honoré a la hora de evitar un suicidio cotidiano, sacando partido al hecho de haber nacido, que puede ser hacer algo tan complejo como conseguir la fusión fría, o tan simple, como estar rodeados de la gente que amamos y por la que luchar, dejarnos mojar por la lluvia o disfrutar de la sencillez de una conversación imprevista. Ya que estamos aquí, saquémosle todo el jugo al fruto.

Hace tiempo, esta idea me inspiró este poema, que quizás habla del sentido más amplio de la palabra “resignación”:

Nadie preguntó, no se me pidió opinión
De por qué debía yo saltar a la arena a luchar
De si sabría hallar razón para afrontar lo real
O sobre si lo que tengo es en verdad corazón
O más bien soy empujado
Por el soplo de la resignación

Mas no soy de los que viajan a lomos del tiempo
Pero sí de los que lo remolcan
De las aguas que no ven subir la pala al molino
De los que viven sin memoria
Tan sólo la que necesito
Para inventar mientras corro 
Delante del viento
Y para guardar tu fotografía
En la que me miras sonriendo

 

Microcuento XIII – El Muro

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Una vez más
Enfrenté una brisa en contra
Gritaba sobre ingratitud
Susurraba versos de hiel

Hablaba de indiferencia
De promesas sin terminar
Y me hizo pensar en cambiar,
Abandonar para rehuir su desdén

– No eres más que aquel viento que palabras lleva,
¿acaso crees que no puedo vadearte y continuar?
¿Crees que va a detener o cambiar mi rumbo
la pretensión de quien no puede dañar?

– No soy más que viento, sí,
pero en muro me alzo a quien ha de escucharme
Mi sombra se alarga sobre las débiles voluntades
de quien no siente cierta la hora de ignorarme

Y dejando que me despeinara, alcé la mirada
Y continué mi sendero hacia la cumbre de la soledad
Donde la vista es clara
Donde se dice todo y no se oye nada

A la deriva

Barco-a-la-Deriva

La deriva que lleva tu boca hacia la mía, la provoca el suspiro de alguna decisión pasada.
En un momento fue rumbo, alcanzable, posible, mientras que parecía remota, inasumible y, sobre todo, irracional y desconocida.
Una separación entre dos deseos mancos y asimétricos, fue otrora la proyección de un abrazo, de una perfecta simetría. Aun lejana.
He ahí el drama del estado natural de las cosas, pues tiende al desorden, rehuye el equilibrio, requiere de energías irreales para no abocarse al caos, a ese lugar bajo el mar donde vive quien no lucha.

Y mis energías se vieron menguadas por el tiempo y la duda, por la tormenta, el vaivén de las olas que luchaban por mantenerme lejos, mientras tu faro desde tierra me enviaba señales confusas. Apenas pude permanecer a flote.

Aprendí que se deben evitar los rumbos marcados por faros de tierras inciertas, ya que, en el mejor de los casos agotarás tus fuerzas en llegar y no las tendrás para volver. En el peor de los casos darás con tus huesos en las rocas merced de la fuerza de tu llamada.

Aprendí que la inmensidad de tus dominios, que bien conoces y mal me orientan, albergan todos los actores que uno pueda imaginar. En uno fui ballena. En otro gaviota. En otro delfín. Y como el mar no es lugar para un lobo como el que en tierra me acompañaba, allí murió ahogado.

El sol salió, y el sol se puso. Tardes de apacible calma, que reflejaba el cielo y se perdía en el horizonte. Otro mar. Otro océano.

La creatividad lo cambió todo

¿De qué sirve memorizar, adquirir y almacenar conocimientos y cultura, si no es para marcar una profunda huella en este mundo gracias a nuestra aportación individual? Aparte de la satisfacción, el crecer como personas, progresar y mejorar en nuestras vidas, ¿no es importante también esa dimensión transcendental que puede llegar a tener la exclusividad de lo que hacemos?

A la mayoría de nosotros se nos inculca, desde que tenemos uso de razón, que es bueno ampliar el intelecto, conocer todo aquello que aún desconocemos, que es bueno tener inquietud por el saber, aún pudiendo ser éste hueco. Y así debe ser, como base para desarrollar nuestro potencial.

Y por eso, el pensamiento que traigo aquí es, ¿cuál es el objetivo?. Más allá de utilizar lo adquirido en las relaciones interpersonales, de nuestro ámbito social y profesional, en el que, obviamente, seremos mejor considerados cuanto más conocimiento acumulemos y he ahí el beneficio principal, el ser humano está dotado del tesoro de la comunicación, la investigación, la filosofía, el arte… que le permite proyectar hacia el mundo aquello que hemos adquirido, con el imprescindible valor añadido de la creatividad. Es un hecho que un actor con grandes capacidades técnicas sin un toque de creatividad -lo que es un profesional-, no es capaz de emocionar, de transmitir sensaciones de la misma manera que un actor que sí aporta un lado innovador, especial, personal -o sea, profesional y creativo-. Así pues, a las preguntas que me hago entorno a por qué escribo este blog, ha aflorado esta razón como una de las respuestas.

Sin entrar a valorar lo bueno o malo del contenido de esta bitácora, tengo la certeza de que aportar mis ocurrencias y pensamientos desordenados, de manera pública, es la mejor manera que tengo de canalizar la energía acumulada por tanta meditación, conclusión e inquietud. Un deseo por transmitir mis conclusiones y que el tiempo que he invertido en ello acabe por tener un sentido, es lo que, en parte, me empuja a publicar. Como explico a continuación, es una característica inherente al ser humano.

¿Qué es la creatividad? Es posible definirlo de manera muy sencilla, diciendo que es la capacidad de crear cosas nuevas que, por cierto, únicamente tiene el ser humano y sin la cual no habría llegado a lo que es hoy. Pero quiero ir más allá. Para mí, la creatividad es nuestro sello personal e intransferible en todo lo que hacemos, que brota de lo más profundo de nuestro ser y convierte aquello que aprendimos en algo único y singular, con capacidad para sorprender e innovar, aportar mayor valor al conocimiento existente, emocionar, hacer expandir otras mentes y cambiar lo establecido. Que tenga capacidad de hacerlo, no significa que lo vaya a hacer, pero debemos ponerlo en circulación y creo que está en nuestra naturaleza hacerlo. ¿No es la base del progreso?.

Probablemente escribir aquí no sirva, en esencia, de absolutamente nada, que nunca conmueva, que nunca motive a alguien a escribir. Es posible que el lector nunca llegue a sentir aquello que me hizo a mí escribir un poema o una reflexión. Pero mi convicción es la de ponerlo a disposición de ustedes. Y si alguna vez lo consiguiera entonces no podría haber invertido el tiempo de mejor manera.

Para terminar, una frase del gran filósofo Sócrates, que viene muy al caso:

Sólo el conocimiento que llega desde dentro es el verdadero conocimiento.
Sócrates.