A punto de irme, acordándome de Aluche

Ahora mismo me encuentro en el currele, pero me quedan horas para salir del cosmopolita pero apiñado Madrid.
 
Recibiendo el comentario de Álvaro, y hablando de las risas flojas, me he acordado de los tiempos que nos pasábamos en Diamante -Aluche-, las noches de verano, en las que le decía a mi madre que bajaba a tirar la basura, y el tema se alargaba hasta las 6 de la mañana. Todo esto debió ser por mis 19-20 años.
 
El asunto era simple. Normalmente, éramos 6 ó 7 fijos: Javi, Óscar, Tote, Mariano, César, David y yo, aunque dependiendo del día, puede que alguno de los anteriores faltara -aquí seguramente falta gente, pero mi memoria no da para más-. Había ocasiones en las que se añadían individuos, de manera eventual. Un claro ejemplo era el de Álvaro. Nunca, nada más bajar, podías saber a qué hora te irías, aunque sí después de cual, y normamente la hora mínima de retirada, era a las 5.
 
¿Quién de los presentes, no recuerda noches memorables, como la del ieeeeeeeeeeiiiiiiiiiiiiiiiaaaaaaaaa a voz en grito de Óscar, con el motivo de joder a César?. César, protestaba porque hablábamos muy alto y sus padres dormían a escasos 20 metros de donde todas las benditas noches, armábamos un jaleo de la ostia. Aquella vez, Óscar no aguantó las continuas llamadas al orden de César, y emitió un bramido digno de comunicaciones cavernarias. Se pudo ver gente rodando por los suelos de la risa, durante bastante rato. La verdad es que éramos un poco animales. Antes estaba el bañito de rigor en la piscina a las 3 o a las 4.
 
Con Óscar eran habituales las conversaciones de índole filosófico, que derivaban a incongruencias humorísticas. Las risas estaban aseguradas, y me consta de gente que se subía muy a su pesar. Recuerdo además las bajadas de Néstor -hermano de Javi- en gallumbos, cabreado por el mismo motivo que César. Alguna visita del gitano Moi, también ha dado de qué hablar.
 
Con Álvaro se alargaban las risas en la puerta del ascensor. Por alguna extraña razón, nos quedábamos hablando de tonterías no carentes de gracia, en ese mismo sitio antes de finalizar la jornada, que a veces ya era de nuevo mañana. Sin salir a ningún lado, sin alicientes especiales -de los que se pueda hablar aquí-, todo el mundo recuerda aquellas noches.
 
Qué tiempos…
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