Impresiones de un padre más (I)

Algunas personas escriben sobre programación, otras sobre redes sociales, otras sobre cocina…pero yo me dedico a ser padre 16 horas al día como mínimo, sin vacaciones, fiestas o prórrogas de vidas anteriores, así que voy a aportar mi, aún escasa, experiencia sobre este tema.

Ahora que tengo 2 hijos, de 3 y 1 año, puedo hablar sobre ciertas cosas que nunca, nunca, por mucho que te las digan, las cuenten con todo lujo de detalles, las estudies, las imagines…, puedes saber hasta que te ocurren. Si no pasas por ello, no lo puedes interiorizar.

Antes de pasar a hablar sobre las bondades, que son muchas, y por cierto, ganan por aplastante mayoría a las maldades, voy a hablar de estas últimas; todo lo que en ciertos instantes, breves, y condicionados por las circunstancias, te hace desear estar en alguna isla, retiro, o máquina del tiempo con la que poder deshacer algunas cosas. Esto, en sí, no es algo malo, la experiencia sí, es desagradable, pero pienso que los vaivenes te ayudan a ver la vida con perspectiva.

No hay nadie, y quien lo niegue está mintiendo, que en cierto momento no haya querido desaparecer, ya sea porque su hijo le desafía hasta el límite, porque no da a basto con las tareas, gracias a que al peque le ha dado por no dormir en todo el día liberando su cansancio en modo de llanto o fruto de 3 meses seguidos de fiebre, tos y mocos causados por “un virus” según palabras del pediatra.

Antes de tener a la pequeña, que nació hace 3 años, me hice a la idea de las noches sin dormir, las tareas en casa bañándola, cambiándola, dándole de comer, acunándola, y vuelta a empezar, día tras día. Es algo que, fácilmente intuyes, puede acabar contigo. No estoy hablando de que seas consciente de que la vida va a dar un giro de 180º, sino de algo más prosaico: el cansancio físico. Y sí, eso ha sido una sorpresa para mí, porque durante estos 3 años lo he llevado mucho mejor de lo que pensé.

Pero hay otra cara de la moneda que no vi venir. Es la capacidad psicológica tan grande que hay que tener para mantenerse en pie y sin alterar el ritmo cardíaco. Hay días que te preguntas cómo es posible que no te hayas tirado por la ventana, cortado las venas o ingerido cicuta. Por tanto, a todos los que piensen en tener hijos: vivid en un bajo, no tengáis objetos cortantes, y tirad toda la cicuta que tengáis en el armario. Es el único consejo que puedo daros.

Una parte importante que ayuda a llegar a este estado de presión, es la ausencia de tiempo para esparcirse: leer, ver cine, escuchar música… se hacen casi imposibles. Aquí estoy a las 2:28 a.m. escribiendo.

Después de este post colmado de hipérbole y que, como buen español, gusto de utilizar de vez en cuando, emplazo a navegantes a un próximo post sobre todo lo contrario, lo que de verdad hace olvidar todo lo que aquí he contado. Y es que los hijos dan sentido a todo.

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