Relato XIV – La canción

No para de preguntarse cómo se titula. Compás suave, melodía dulce, letra melancólica, no es la primera vez que escucha la pieza. No puede recordar cuándo fue la última vez. Quizás sentado en la barra de un bar de grandes ventanales, atravesado por la oscuridad proveniente del exterior, desde donde voyeurs pasajeros absorben parte de su copa, y la vomitan al instante. Allí se lamentaba de su cobardía y apuraba los últimos instantes de una copa que haría rebosar su consciencia amarga, dañina.

Quizás la oyó sonar en aquel coche aparcado a la puerta de casa, que tan violentamente cerró aquella noche. Aun lloviendo entre fogonazos de clarividencia y estruendo de tiempos nuevos, tuvo la certeza de que somos un cúmulo de cicatrices que ningún maquillaje puede ocultar.

O posiblemente en ese breve momento en que miró al cielo oleoso de un crepúsculo frío, solitario y alejado de toda injerencia externa, y habló con alguien, o algo, que le hizo entender cómo funciona todo, para acto seguido no entender nada en absoluto. Esa fue una soledad pura, plena, no la que el día a día le brinda ataviado de una mampara imaginaria, una cotidianeidad en la que centímetros se convierten en kilómetros, un roce en la piel es un punzón y una mirada dice menos que nada o más que lo deseable.

Las notas, como un psicotrópico, van lentamente modificando su percepción de la realidad, le convierten en algo que no es, en una proyección de sí mismo que no reconoce, un trance ineludible, de colores intensos con vida propia, que se mueven lentamente. Poco a poco deja que aquello le invada, no lucha, abandona la batalla, deja caer la muralla aún con el temor de que la ciudad caiga en el peor de los saqueos, temor que se torna certeza cuando siente una punzada en el estómago y una imagen del pasado, nítida, se presenta en su mente.

Un rostro difuminado, cuya melena se mueve con un viento que arrastraba las preocupaciones, y que pronto rescata de su memoria tirando de una cuerda que al otro lado sujeta un plomo de varias toneladas. Un conjunto de tonos apagados al fondo, y que poco a poco va engullendo el rostro, empequeñeciéndolo y alejándolo, hasta convertirse en un minúsculo punto. Para entonces la música ya le ha cambiado. Otra vez. Thunder Road, eso es.

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Gracias

Ha llegado la hora de dar las gracias. No lo había hecho desde que volví por aquí. Únicamente en comentarios perdidos, pero esta vez lo hago en un post especialmente dedicado a ello.

Recientemente este blog ha recibido la visita 40.000 contando desde 2011, y creciendo a velocidad vertiginosa. Sólo en enero he recibido 7.000 visitas. Me parece algo increíble y me hace dudar si las estadísticas de WordPress son fiables. ¿Lo son? El caso es que, siendo sincero, me empuja a seguir publicando justo en un momento en el que me asaltan preguntas sobre por qué lo hago.

Retomé este blog en febrero de 2014, después de casi 3 años prácticamente vacío de entradas. Escribí “Pronto, pronto” y, en parte alentado por alguien, en parte impulsado por algo que nace de algún sitio dentro de mí al que no tengo acceso, encontré aquello perdido, aquello que me hizo separarme de exponerme y arriesgarme sin razón.

Corría el año 2005 y por entonces el blog al que me refiero era el “Space” que Microsoft facilitaba a sus usuarios de Msn. Aquello fue migrado a WordPress, y por eso todo aquello terminó aquí.
El caso es que, por alguna razón, dejó de tener incentivo publicar lo que salía por las teclas. Sentía que era algo inútil. ¿Quién me leía realmente? ¿A quién le importaba? He de decir que mis textos eran mucho más mundanos, no publicaba poesía ni reflexiones, únicamente opiniones de un jovencísimo estudiante, y algún relato breve.

¿Tiene todo un porqué? Para mí sí. Aunque sé que no siempre es posible encontrarlo, lo busco, lo ansío, y estoy decidido a dar con un porqué a escribir en este blog, más allá del consabido objeto de “explicarme a mí mismo”, como decía el gran Gabo.

Una de las razones que me empujan a publicar mis escritos es la gente que visita el blog por accidente o de manera recurrente. En este último tipo de visitas, he de reconocer que me siento privilegiado de pertenecer a una pequeña comunidad de “bloggeros” con un talento espectacular y que dejan mis ocurrencias en eso, meras ocurrencias. Me considero parte de dicha comunidad, pero como mero aprendiz de aprendiz.

A todos ellos, y a todos los que se pasan a decir “opino esto”, o simplemente “me gusta”, debo agradecerles el no hacerme sentir tan solo en este proceso creativo que la mayoría de las veces termina en el fondo de algún cajón. Ya lo dijo Camilo José Cela:

En ocasiones pienso que el premio de quienes escribimos duerme, tímido y virginal, en el confuso corazón del lector más lejano.

No sé si se puede llamar “escribir” a lo que yo hago. Imagino que depende de si entiendes por escribir “colocar palabras una detrás de otra”, más cerca de lo que es mi caso, o algo más profundo, profesional y elaborado.

He recibido nominaciones de las que circulan por el universo WordPress en múltiples ocasiones, pero la falta de tiempo me impide poder seguir el procedimiento para no romperlo. Lo siento. Esta entrada no pretende dar continuidad a estas cadenas, sino agradecer y dar a conocer quién de esta comunidad me inspira y llena de interés, los blogs que visito una y otra vez para descubrir nuevas ideas, hallar nuevas dimensiones del humanismo, ensanchar mi mente y mi conocimiento y, por supuesto, disfrutar. Os recomiendo, por tanto, que si no los conocéis lo hagáis. No os defraudarán. Es posible que me deje alguno porque siempre que puedo exploro y recopilar todos es complicado. Siempre puedo hacer otra entrada en el futuro.

Los que más visito en la medida de lo posible, más me influyen y más me gustan son:

  • Corriendo En La Niebla: Zuri rebosa vitalidad, frescura y delicadeza en sus escritos. Estoy encantado de ya contar con ella entre mis amigos. Sus entradas le hacen creer a uno que el mundo de la poesía es algo cercano y tangible, que puedes tocar sin dejar de sentir. Consigue evocar emociones con una facilidad que sorprende envolviéndolas en una mística maravillosa. No lo sabe, pero siento envidia (sana) por la naturalidad con la que escribe.
  • En Humor Arte: Verónica es una malabarista del lenguaje, con un talento asombroso para darle la vuelta al sentido de las palabras o esconderlo tanto que sólo lo puedes encontrar el los más profundo de su significado. La mayoría de sus poemas consiguen inspirarme emociones tan encontradas y dispares en cada extremo de su obra, que podríamos decir que su blog para mí, es un compendio emocional.
  • La Poesía No Muerde: Helen hace un esfuerzo increíble por mantener el ritmo de publicación de textos y otro material artístico que le llegan y que ella de manera muy amable y dedicada cuelga en su blog. Es una comunidad artística en toda regla. Los miércoles organizaba un poema colectivo y cuyo historial podréis encontrar en su Facebook. Muy interesante.
  • Francisco Javier Tostado: Francisco nos acerca la Historia de una manera amena y distinta, hablando con datos detallados sobre temas conocidos, pero he de decir que los que más me gustan son los temas más curiosos que trata y sobre los que, quizás, menos se ha publicado.
  • El Espacio de Chus: me gusta la variedad tan amplia de música que publica Chus en su blog junto a la historia del autor. Desde el Pop hasta géneros underground, publica música de los conjuntos más conocidos y autores mucho menos prolíficos. Trato de escuchar todas sus aportaciones ya que no tienen desperdicio.
  • Emociones encadenadas: Gema publica poesía corta, directa y  acompañada de imagénes que combinan con las letras muy a conveniencia. Me encantan las obras breves por el poco tiempo que se invierte, si bien debe ser buena para llegar al lector. Este es el caso.
  • Santiago Pérez Malvido: relatos, poesía y reflexiones muy fáciles de leer e interiorizar. Cuando te dispones a leer su blog sabes que el tiempo pasará volando. Como con Gema, me gusta la impactante brevedad de sus entradas.
  • Bellaespíritu: nos habla sobre su visión particular de temas muy variados, que van desde el arte, historia y literatura, hasta metafísica. Siempre es un placer escudriñar sus textos en busca de nuevas formas de ver las cosas.
  • Redalmados: educación, discapacidad y psicología expuestos de una manera muy amena y que te harán aprender.
  • La audacia de Aquiles: mitología griega repleta de detalles interesantes y acompañada de imágenes muy representativas de la cultura griega de la época de Homero. Su blog tiene un tremendo valor documental.
  • Loretta Maio: descubierto recientemente, el blog de Loretta me inspira sensaciones y cada vez visito más su blog para revisar entradas anteriores y así descubrir que estoy de acuerdo con ella en muchas cosas.

Espero que esta relación continúe por mucho tiempo. Por ello animo al dudoso del escrito, al autocuestionado del verso, al inseguro del lenguaje, que publique. O al menos escriba, para que otros puedan descurbirlo y así, cuando alguien de confianza le diga “deberías publicarlo”, lo haga y se encuentre con nosotros.

Cassettes y cedés titulados “Varios”

Creedence Clearwater Revival tienen algunos de los temas más versionados de la Historia, y su influencia es innegable en todo el panorama musical. Pero no me voy a centrar en CCR en este post, sino en la época en la que la pasión por la música nació en mí.

Este fin de semana, escuchando su increíble música en La Cabaña en el precioso paraje de El Castañar de mi ciudad natal, Béjar, vino el recuerdo de momentos compartidos con amigos a los que les descubrí sus temas a la par que ellos me descubrían a mí otra música.

Tengo debilidad por el intercambio de bandas, estilos, canciones de cualquier época con cualquiera que sufra también esta debilidad. Siento desasosiego de saber que hay auténticas obras de arte aún esperando que las encuentre y es por ello que escucho y escucho, como el que nunca encuentra aquello que le completa.

Recuerdo y conservo con cariño aquellos “cassettes” y “cedés” titulados “Varios”, en los que grabábamos desde Nivana, Bruce Springsteen, Queen y Deep Purple hasta Siniestro Total, NOFX y No Doubt (en el concierto que aparece en el vídeo del link estuve yo), pasando por PennywiseMecano… Lo que es un “Varios”. Cuando salía con alguna chica separaba la música en “Tranquila” y “Varios”, grabando en el primero lo que podíamos escuchar juntos y en el segundo todo lo demás. Siempre se colaba alguna canción un poco más movidita, pero en “Tranquila” predominaban las baladas. Mi concepto de balada, también he de decirlo, estaba un poco desdibujado, incluyendo como tal el All Along the Watchtower, siendo interrogado, inmediatamente tras comenzar a sonar, sobre mis conocimientos de Alejandro Sanz o Sergio Dalma, extensos también aunque en este caso por supervivencia. Disculpen la ausencia de enlaces.

Es conveniente recordar que antes no existía el uso extendido de Internet, y mucho menos para compartir y descubrir música, por tanto, las reuniones con amigos, la radio y TV, y el intercambio de música era la manera de hacerlo. Recuerdo que en el verano de 1997 mis padres me regalaron mi primera guitarra, y yo, loco por hacer sonar aquello distinto a un gato en celo con un ataque de risa, me “empoyé” un método de guitarra y conseguí tocar canciones decentemente, lo que hacían aquellas reuniones de guitarras algo maravilloso.

Los conciertos de nuestros grupos favoritos fueron llegando: festivales, locales minúsculos, estadios… No tengo ni un solo mal recuerdo de ninguno de ellos, si bien es cierto que por aquel entonces los conciertos significaban moratones, cansancio extremo, pérdida de ropa y afonía, pero disfrutábamos como locos. Nunca fui de los que se subían al escenario para tirarse confiado sobre la muchedumbre, porque vi en infinidad de ocasiones cómo se abrían las aguas, lo que provocaba el aterrizaje de la cara del sujeto en el suelo. Por lo demás los vivía plenamente . Si me meto hoy en este plan en uno de aquellos tengo la certeza de que moriré. Llámenle falta de costumbre o edad. O que hay un momento para cada momento.

Actualmente tengo poca disponibilidad “conciertil” debido a mi incipiente paternidad, aunque esto me permite ir a conciertos de Cantajuego donde, aunque nadie se sube al escenario para tirarse, lo paso bomba gritando “chuchuwá, chuchuwá, chuchuwá wá wá” y viendo cómo disfrutan los peques. Y bueno, hablando en serio, nunca rechazo una invitación a tiempo. ¿Música y compañía agradable? Como se dice comúnmente, me apunto a un bombardeo a las 3 de la mañana de un 2 de Enero. Pensando, de hecho, me doy cuenta de que he conocido gente increíble en conciertos.

 

Sobre dos tipos de personas

Esta es una sencilla historia sobre dos tipos de personas.

El domingo pasado se me ocurrió bajar a la Feria del Libro con mis dos hijos, Inés y David (3 y 1), y en un principio pensé en el coche, pero finalmente me decanté por el tren porque llevábamos prometiéndoselo a la “mayor” desde hace tiempo y vi la ocasión propicia para llevarla por primera vez.

Para ir a Madrid utilizamos la línea de cercanías que atraviesa el monte de El Pardo, ya que pensé que a la peque le haría gracia ver desde el tren los corzos (una especie de ciervos pequeños) que por allí pastan. Ella, entre el miedo a lo desconocido de subirse a un tren y la ilusión por lo nuevo, estaba algo nerviosa.

Llega el tren a la estación. Se abren las puertas. Subo a Inés para después subir el carro con David, pero Inés no se siente segura si me bajo a por el carro aunque sea sólo un momento. Se lanza, literalmente, a mi cuello por lo que se me hace imposible subir el carro y ya que yo no soy muy dado a pedir ayuda me estoy temiendo no poder montar. Pero un hombre que ya se encontraba en el tren se acerca rápidamente y se baja para ayudarme y así no tenga que bajar a Inés de los brazos. Tras darle las gracias, se dio la vuelta y se marchó al otro extremo del vagón. Vi que en realidad iba mendigando. Por supuesto, no le dejé irse sin aceptar una pequeña ayuda. Parece un detalle sin importancia, pero para mí significó la diferencia entre poder ir en tren o no, mucho comparado con lo que él esperaba de mí. Eso es una buena persona. Gente que no tiene por qué ayudarte y aún así no duda en hacerlo.

Llegamos a los tornos de Recoletos, que son esas puertas de dos hojas que se abren y cierran automáticamente al pasar. Tengo que franquearlos con el carro e Inés por un espacio mínimo (aún siendo la puerta para minusválidos), ante la mirada impasible de 4 ó 5 agentes de seguridad que me miran con curiosidad y sin mover ni un dedo. Al pasar, la puerta se cierra justo cuando estamos casi fuera y le roza a Inés en la cara, sin hacerle realmente nada, pero se vuelve a asustar rompiendo en llanto, lo que a mí me enciende. A punto de haber sido peor. Les canto las cuarenta a los personajes que, ni siquiera estando de servicio, deciden ayudarme o dejar la puerta abierta para facilitarme el paso. Se quedan con cara de pánfilos dándose cuenta de lo poco que sirven, del inexistente servicio prestado, de lo tirado que es el dinero que pagamos por su sueldo (contrata pagada con dinero público) o no, no lo sé, quizás les de igual. Eso es una persona indolente. Gente que tiene que ayudarte y aún así pasa de hacerlo.

En cualquier caso, el resto de veces en las que tuvimos que subir y bajar del tren se ofreció gente para ayudarme. Balance positivo.

Los nenes se lo pasaron bomba, al igual que yo, así que un día genial en El Retiro.