Sueños

Los sueños pueden adquirir distintos significados. Ahora me voy a centrar en el significado onírico, es decir, en los sueños que experimentamos mientras dormimos, en los cuales nos sentimos como en la realidad pero únicamente es una artimaña del cerebro para hacernos creer que lo estamos viviendo.

Mucha gente dice ser capaz de ganar consciencia dentro de un sueño, también llamado sueño lúcido, lo que significa que se percatan de que están dentro de un sueño y pueden hacer y deshacer a su antojo para vivir lo que les apetece. Yo no puedo decir si es cierto o no, pero sí sé que yo no he sido capaz de hacerlo, y si alguna vez me ocurriera tengo tantas ideas en la cabeza que de los nervios me despertaría. Tener la vida solucionada para toda mi familia y yo, tener superpoderes, como superfuerza, pilotar el Halcón Milenario…lo típico.

Me sucede que si estoy soñando justo cuando despierto (o me despiertan) recuerdo bastantes detalles del sueño. De lo contrario, si sueño a lo largo de la noche y me despierto tranquilamente por la mañana (he de aclarar que esto no sucede desde hace más de 3 años, edad que tiene mi hija mayor), entonces sé que he soñado, pero no sé qué o lo recuerdo muy vagamente.

De todas formas, despreciamos el valor de los sueños. Pensamos que, de manera fortuita o inexplicable, vino a nuestra cabeza mientras estábamos entre los brazos de Morfeo y que allí se quedará. Ahora, en ocasiones ha ocurrido que un sueño está conectado de alguna manera con la realidad o incluso nos ha ayudado a resolver problemas. Así, que propongo darle un par de vueltas y que las próximas veces que soñéis siempre le deis un sentido al sueño, aunque sea el más disparatado. ¿Que soñamos que somos atacados por cientos de culebras?: señal para que al día siguiente comamos espaguetis. ¿Con un paquete de tiras de bacon?: señal de que tenemos que comprar un puzzle de Peppa Pig a nuestra hija. ¿Que soñamos que conocemos en persona a nuestra estrella favorita?: ya puede ser un sueño lúcido, no tiene sentido alguno.

Es importante escribir el contenido del sueño, pues se sabe que pasados 10 minutos se olvida. Yo debo soñar despierto, porque se me ocurren un montón de ideas durante el día que olvido al instante.

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Cadena de favores revisada

Si alguna vez muestro una actitud sorprendentemente desinteresada hacia ti, lector, no te extrañes. No pienses que quiero algo en contraprestación o que hay alguna intención oculta detrás de mi proceder. Realmente es desinteresado y en pago por algún otro favor que recibí de ti sin que, probablemente, fueras consciente de que me lo estabas prestando.

Todos, inconscientemente, en el desarrollo de nuestra vida, al interactuar con las gentes que se cruzan en nuestro camino, les aportamos algún tipo de beneficio, ya sea derivado de nuestro trabajo, más allá de nuestro trabajo, o simplemente porque nos caen en gracia y disfrutamos siendo amables y alegrándoles el día durante un pequeño instante.

Algo tan elemental como un momento de agradable charla banal, una sonrisa ante un cruce de miradas, facilitar el paso cuando no era menester, y así en progresión, hay gente que mejora nuestra vida, que nos cambia, que nos incita e inspira. ¿No merece eso un pequeño favor a cambio?

Las cadenas de favores no se inician voluntariamente. Constantemente, nuevas cadenas de favores se inician sin que su iniciador caiga en la cuenta. Es muy cierto, también, que el receptor es consciente de esto en pocas ocasiones y por tanto no habrá una reacción en consecuencia, pero esta cadena de favores revisada no entiende de aritméticas o exactitudes. Sólo entiende de bondad humana y por tanto nunca llega a romperse.

El mismo día, cada año

Siempre se ilusionaba cuando el mismo día del año le llegaba aquel poema escrito de puño y letra, cada año distinto, cada año más relacionado con ella y su vida. A veces sentía que el autor hubiera formado parte de ella. 

Parece como si hubiera estado hurgando en sus inquietudes, analizado sus emociones, y así saber cómo llegar más profundamente a conmoverla con aquellas palabras tan bien escogidas. Todas juntas sonaban como una melodía perfecta, le hacían vibrar junto con las rimas y los matices que emanaban del texto. En esos momentos su visión en blanco y negro se tornaba en colorida, de contornos definidos y tonos vivos, casi chillones.  

Desconocía quién lo enviaba ni por qué. Suponía que la finalidad era agradarla, pero no estaba segura, pues no sabía de nadie que pretendiera enamorarla, aunque sólo con aquel detalle y el misterio fuera suficiente.

Por la mañana del esperado día aguardaba al cartero mirando por la ventana con ansiedad, como un niño que sabe que su padre llegará con el regalo que le prometió. 

Todos y cada uno de los últimos 7 años. Pero aquel año no llegó.

Cuando ya sabía que el cartero no pasaría, apagó la luz y se fue a la cama pensando…¿Le habría pasado algo? ¿Un accidente quizás? Cualquier enfermedad podría haberle impedido enviar el poema. 

En el duermevela, entre sombras, luces, y caras conocidas, comenzó a escuchar un familiar susurro dentro de su cabeza y enseguida pudo distinguir una voz que le recitaba mientras su cuerpo se evaporaba:

No por imposible el acometido
Debes perder la esperanza
Pues aquellos que ahora te abrazan
Por ti siempre han vivido

Y en estos momentos de lucha
Aférrate a mi cuello
Que con él y todo mi cuerpo
Haré que destierres tu duda

No marches por la senda oscura
No vayas por el camino a la nada
Ven conmigo y quien te ama
Sin condición y con infinita ternura

Si aún así has de marchar
No me olvides y recuerda que aquí estuve
Los siete años que tu sueño ya ha de durar

– Parece que cada día responde mejor, ¿no es cierto, doctor?.
– He de decirle, señor, que me conmueve cómo cada diciembre, desde aquel día, le compone un poema para recitárselo al oído. No pierda las fuerzas. Es usted su vínculo con la vida. He visto casos en los que el paciente se aferra tanto a este mundo que su organismo reacciona de manera inexplicable y consigue recuperarse. Estoy convecido de que este es uno de esos casos.

Poco a poco, aquel susurro fue más claro, como si la voz emergiera de debajo del agua. Después una luz muy intensa, y un rostro familiar que le hizo darse cuenta de todo lo que ocurría en realidad.

So Long, Astoria (Los Goonies)

Astoria es un pueblo en el estado de Oregón (EEUU), junto al río Columbia.

Es conocido por haberse rodado allí, entre otras, la película Los Goonies que representa el paradigma de lo que a todos los niños de esa edad esperaban les ocurriera en la vida real (no estoy seguro de si esto sigue siendo así hoy en día).

Un mapa del tesoro, pasadizos secretos, trampas, cuevas, barcos pirata, malos que te persiguen…pero ¿por qué los adultos seguimos reconociendo que nos encanta y siempre que la echan la ves?. No tiene que ver con la calidad cinematográfica del filme, aunque la verdad, en mi humilde opinión de no-crítico de cine, es que el trabajo de fotografía es impecable. Creo que tiene más que ver con que es la parte de nosotros que nunca nos abandonará, ese lado que aunque siga pasando el tiempo añoraremos y seguiremos habiendo querido vivir en nuestra niñez preadolescente.

“So Long, Astoria” es un tema del grupo estadounidense The Ataris que a mí siempre me gustó mucho, y en él hace un guiño a esta película, con una letra que, a mí me parece, tiene profundidad.

“Life is only as good as the memories you make”, viene a decir “la vida es tan buena como los recuerdos que hayamos creado”. Y estoy de acuerdo.

El tiempo pasa, muy deprisa, y es por eso que echando la vista atrás con una mirada nostálgica, nunca melancólica, esos recuerdos de aventuras, amistad, emoción, primeros amores, ausencia de problemas, veranos interminables, escapadas, risas…les damos cada vez más valor y los convertimos en un tesoro de verdad, ese que nunca nos podrán quitar. Sí, son tiempos que nunca han de volver, pero el recuerdo que hayas creado lo tendrás siempre, y seguro que es un buen recuerdo, ¿verdad?.

Era la primera nevada de la temporada
Casi podía verte respirar
En mitad de aquella calle vacía

A veces todavía me veo
En esa habitación solitaria
Cantando canciones de esperanza, de un futuro mejor

La vida es
Tan buena como los recuerdos que creamos
Estoy tomando lo que me pertenece

Polaroids de clases sin profesores
Esta reliquia de recuerdos
Son como barcos naufragados
Y se van tan rápido como el olor de después de llover

Anoche mientras todos dormían
Fui en coche a mi antiguo barrio
Y resucité recuerdos de las cenizas

Dijimos que nunca encajaríamos
Cuando éramos igual que ellos
Alguna vez rebelarse ha creado diferencias?

La vida es
Tan buena como los recuerdos que creamos
[…]

Adiós, Astoria
Encontré un mapa a un tesoro enterrado
Aunque vengamos con las manos vacías
Aún tendremos nuestras historias
De cicatrices de batalla,
barcos pirata y corazones heridos
Huesos rotos y lo mejor de la amistad

Y cuando este reloj de arena
Cuente el último grano
Brindaré por todos los recuerdos que tuvimos

Este es mi deseo
Y lo tomo de nuevo

Impresiones de un padre más (II)

Siempre que pensé sobre ello, estuve convencido de querer tener hijos, para mí es la esencia de lo que significa la vida.

Con los numerosos modelos de familia que hay ahora, la familia tradicional es una opción más, pero para mí siempre fue la opción a escoger. Es decir, conseguir una relación estable y duradera con alguien con quien no sea muy difícil llegar a acuerdos, con quien entenderme fácilmente incluso en las peores desavenencias y, lo más difícil, mantener el cariño y respeto, en definitiva, amor.

Este primer paso lo inicié realmente pronto, y gracias a Dios, y sobre todo a la persona increíble que encontré, todo desde entonces ha salido como lo había planeado, aún cuando ni siquiera estaba planeando nada.

Hay una frase de John Lennon, reveladora, que dice “la vida es lo que pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes”. Hay veces que concebimos la vida como un viaje con un inicio concreto, esto es el nacimiento, y un objetivo también concreto, un destino, un sueño, pero no es cierto. Los fines en la vida van apareciendo constantemente. El de tener hijos era uno de ellos.

Primero vino una niña que, no porque lo diga yo, sino dicho por todo el mundo, es un calco de mí. El parto fue una de las más increíbles experiencias que he tenido, muy especial, irrepetible. Ayudé a mi mujer durante todo el tiempo que estuvo en el paritorio con el trabajo de parto. Es fuerte, impactante, a la vez que tierno y emocionante. Una experiencia cuyas sensaciones no puedes transmitir contándolo, sólo las puedes sentir viviéndolo.

Nada más nacer, la depositaron en el pecho de su madre durante una media hora, y posteriormente la envolvieron en una toquilla  y me miraron para ver cómo estaba de ánimo para sostenerla. Yo, por supuesto, accedí y en parte temblando, en parte no sabiendo cómo hacerlo, la agarré y aquello me hizo darme cuenta de que ya incluso antes, desde que supe que íbamos a tener una hija, la quería con locura, habría dado la vida desde aquel momento por ella sin dudarlo.

Sí, aparece una responsabilidad sobre ti que nunca podrás sustituir, estés bien o mal, tendrás que cuidar de ella, alimentarla, educarla, hacerle feliz…pero en ella ves proyectadas todas las buenas cosas que puedes dar a este mundo, es tu proyecto más ambicioso y a la vez el que más satisfacciones y preocupaciones te aportará. No hay manera de sentirse más realizado, que viendo que tus hijos salen adelante y con su cariño, a su manera, te demuestren su agradecimiento.

Como dije en el primer post de esta serie, aún tengo escasa experiencia con hijos, me falta pasar por fases de su desarrollo que imagino son mucho menos agradecidas, pero las afrontaré con la decisión de haber elegido la manera de vivir que siempre quise, formando una familia unida, que se apoya en todo momento, y que es capaz de estar en los buenos y malos momentos. Una familia en la que se pueda decir “al final siempre queda la familia”, y por supuesto para todo lo demás también. He de decir que en parte es mi carácter y en parte lo que mis padres me han inculcado.

Ahora que mis padres van eliminando responsabilidades hacia nosotros al habernos ido independizando, echan la vista atrás haciendo balance, y están seguros de que, con los buenos y malos momentos, en todo caso habrían tenido los hijos que han tenido.

Las circunstancias personales, obviamente, condicionan a mucha gente a la hora de decidir tener hijos. Mi opinión es que no hay que ver tener hijos como un reto, sino como una forma de impulsar tu vida. Cuando llegan los hijos, la perspectiva cambia, y eso te cambia siempre para bien. Pero quizás esto lo deje para un tercer post.

Conclusión: si lo estás dudando, deja de hacerlo. Tener hijos es siempre la mejor opción.

Impresiones de un padre más (I)

Impresiones de un padre más (I)

Algunas personas escriben sobre programación, otras sobre redes sociales, otras sobre cocina…pero yo me dedico a ser padre 16 horas al día como mínimo, sin vacaciones, fiestas o prórrogas de vidas anteriores, así que voy a aportar mi, aún escasa, experiencia sobre este tema.

Ahora que tengo 2 hijos, de 3 y 1 año, puedo hablar sobre ciertas cosas que nunca, nunca, por mucho que te las digan, las cuenten con todo lujo de detalles, las estudies, las imagines…, puedes saber hasta que te ocurren. Si no pasas por ello, no lo puedes interiorizar.

Antes de pasar a hablar sobre las bondades, que son muchas, y por cierto, ganan por aplastante mayoría a las maldades, voy a hablar de estas últimas; todo lo que en ciertos instantes, breves, y condicionados por las circunstancias, te hace desear estar en alguna isla, retiro, o máquina del tiempo con la que poder deshacer algunas cosas. Esto, en sí, no es algo malo, la experiencia sí, es desagradable, pero pienso que los vaivenes te ayudan a ver la vida con perspectiva.

No hay nadie, y quien lo niegue está mintiendo, que en cierto momento no haya querido desaparecer, ya sea porque su hijo le desafía hasta el límite, porque no da a basto con las tareas, gracias a que al peque le ha dado por no dormir en todo el día liberando su cansancio en modo de llanto o fruto de 3 meses seguidos de fiebre, tos y mocos causados por “un virus” según palabras del pediatra.

Antes de tener a la pequeña, que nació hace 3 años, me hice a la idea de las noches sin dormir, las tareas en casa bañándola, cambiándola, dándole de comer, acunándola, y vuelta a empezar, día tras día. Es algo que, fácilmente intuyes, puede acabar contigo. No estoy hablando de que seas consciente de que la vida va a dar un giro de 180º, sino de algo más prosaico: el cansancio físico. Y sí, eso ha sido una sorpresa para mí, porque durante estos 3 años lo he llevado mucho mejor de lo que pensé.

Pero hay otra cara de la moneda que no vi venir. Es la capacidad psicológica tan grande que hay que tener para mantenerse en pie y sin alterar el ritmo cardíaco. Hay días que te preguntas cómo es posible que no te hayas tirado por la ventana, cortado las venas o ingerido cicuta. Por tanto, a todos los que piensen en tener hijos: vivid en un bajo, no tengáis objetos cortantes, y tirad toda la cicuta que tengáis en el armario. Es el único consejo que puedo daros.

Una parte importante que ayuda a llegar a este estado de presión, es la ausencia de tiempo para esparcirse: leer, ver cine, escuchar música… se hacen casi imposibles. Aquí estoy a las 2:28 a.m. escribiendo.

Después de este post colmado de hipérbole y que, como buen español, gusto de utilizar de vez en cuando, emplazo a navegantes a un próximo post sobre todo lo contrario, lo que de verdad hace olvidar todo lo que aquí he contado. Y es que los hijos dan sentido a todo.

Amigo

No perdonar es tan lícito como no dejarse engañar. Al fin y al cabo, el perdón generalmente se solicita tras causar un desengaño de cualquier tipo.
 
Aprender a vivir sin el perdón de un conocido es adaptarse a las circunstancias, y un ser humano medianamente desenvuelto sabe hacer eso perfectamente.
Aprender a vivir sin el perdón de un amigo, sin embargo, es algo complicado, aceptar un error que sabes que, posiblemente, jamás podrá ser enmendado, privándote para siempre de una conversación sobre cualquier cosa, una llamada en el momento más imprevisto y posiblemente más necesario…
Obviamente, no son esos momentos los que hacen especial la amistad, sino las personas que la forman.  
 
Hay amistades que nunca sufren rupturas.
Hay amistades que se rompen y tras un tiempo vuelven.
Y, por supuesto, hay amistades que se rompen y nunca vuelven. Entonces sólo queda aferrarse al recuerdo, pero, no estoy seguro de si, por la propia naturaleza de la amistad, esta situación jamás debe darse.
 
¿O es que aquello no era amistad?
 
Perdón.
 
 

 
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