Carta al ausente

Es extraño, pero te extraño. Allá donde estés. No puedo vivirte, ni sentirte, ni a los ojos mirarte. Pero te extraño. Cuanto más cerca te creí más supe que el dolor por la ausencia se convertiría en dolor por rechazo, y por tu ausencia entiendo, pues, el menor de los dolores. Así que te extraño.

Y, bueno, está bien. A medias. No. No está bien. Pero este mundo tiene la extraña costumbre de llevarte por senderos donde el final no es el que buscabas. Te muestra señales que a otros viajeros sí sirven, pero a ti te confunden y te hace creer que era el camino. Te hace olvidar que esto que lees será la última vez que lo leas por primera vez, que el día de mañana será hoy y cuando sea ayer no volverá. Si el tiempo, que inventamos para creer que la vida tiene un principio y un final, fuera un poco más despacio, ¿aún tendría tiempo? ¿Ni siquiera con cinco, seis o siete vidas ahuyentando esta ausencia, tendría tiempo? Y entonces, al final del camino seguiré diciéndolo. Te extraño.

No me queda más que escribir, hablarle al papel como lo haría contigo, porque en este soliloquio nunca sabrás que el papel eras tú, y no un paño de penas, de último recurso, de analgesia absurda, de placebo a sabiendas.

Llego a tu muro de cristal impoluto, a veces veo una grieta por el que respirar tu calor, pero pronto sabré que este muro es una fina línea entre el agua y el aceite, es a prueba de ataques, de palabra y adorno y me aparta al frío lado en el que no estás.

Pero,  ¿quién es más loco? ¿El que muere liberando un corazón enjaulado, o el que se levanta un muro a sí mismo para defenderlo?

Y sea lo que fuere, te extraño, pero tu ausencia ya no es extraña.

 

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Caos I

Hoy os voy a contar un rollo teórico que me parece interesante y como siempre cada uno lo puede asociar a cualquier ámbito de su vida, y eso es lo realmente maravilloso. Me ocurre muchas veces que un concepto por sí solo me parece un auténtico coñazo, pero aplicado a lo cotidiano cobra una belleza tremenda. En mi opinión, el caos es uno de esos conceptos.

El caos siempre me ha interesado mucho como ingeniero y persona interesada en la ciencia en general. Inicialmente parece que la palabra tenía un significado más cercano a “impredecible” aunque ahora se acerca más al efecto, que es el desorden. Algo impredecible provoca una situación de desorden aunque, como veremos, puede que no siempre esto sea así.

El aspecto que más me atrae del caos es el misterio que muchas veces engloba, principalmente porque en los sistemas caóticos que podríamos llamar “deterministas no lineales“, se conocen las condiciones iniciales pero no se pueden predecir las condiciones finales porque las herramientas de que podamos disponer no permiten desarrollar un método que nos permitan hacerlo. Debido a la complejidad del sistema es imposible despejar el resultado, aunque siempre haya uno.

Un ejemplo típico de caos es el popular Efecto Mariposa que fue consecuencia de la investigación de Edward Lorenz, padre de la Teoría del Caos,  sobre modelos matemáticos que él mismo ideó para predecir la meteorología. Se dio cuenta de que modificando mínimamente los datos de partida, los resultados cambiaban de manera asombrosa, de una forma que nunca un cambio tan pequeño hubiera podido hacer imaginar, debido a que dentro del sistema, de las ecuaciones, ocurrían efectos en cadena que ni su modelo matemático podía controlar al aumentar la complejidad extraordinariamente.

La abstracción clásica de esto, plasmada en frases muy antiguas como proverbios chinos, es que una mariposa, simplemente moviendo sus alas, puede provocar una alteración de dimensiones inimaginables, podría cambiar el mundo.

Una sociedad es otro claro ejemplo de sistema caótico, cuyo caos es minimizado mediante leyes, sistemas de gobierno y estados, religión, ideología… Es muy extendida la idea, también, de que gracias a los políticos y guías espirituales la gente no se mata a palos por el desorden que generaría el comportamiento humano que deviene de la anarquía. Es decir, un sistema complejo como es una sociedad de millones de personas, desemboca en resultados impredecibles. Pero en este caso, y como anunciaba al principio, hay teorías, como la de Orden Espontáneo, que mantienen que el mero hecho de haber un interés individual por vivir bien, el bienestar, el beneficio propio, provocaría una estabilidad autoimpuesta internamente sin necesidad de una autoridad que obligue a ello. Hay infinidad de ejemplos que hacen entrever esta teoría, como Wikipedia. Jimmy Wales, fundador de Wikipedia, tras leer “The Use of Knowledge in Society“, ensayo del aclamado economista austriaco Friedrich von Hayek, donde se defiende que la estabilidad de los precios que fijan los mercados son únicamente resultado de los diversos intereses que acuden a dicho mercado, e interiorizó la teoría del Orden Espontáneo que mencionaba. Pensando en aplicar esta teoría al conocimiento humano, fundó la mayor enciclopedia online del mundo. Dijo: “Imagina un mundo en el que cualquier persona del planeta tiene acceso gratuito a la suma de todo el conocimiento humano. Eso es lo que estamos haciendo. ”

¿Es el caos, en definitiva, la mayor expresión de orden del Universo?

– El caos es un orden sin descifrar
José Saramago.

Preguntas. No respuestas.

¿Por qué levantar cuatro muros en una habitación que por grande aterra,
que escapa a tu control,
por la que pasean personajes imposibles,
vistiendo ropas de colores indescriptibles,
que hablan idiomas inventados,
y cuentan historias con finales asombrosos,
sobre la libertad que te busca pero rehuyes?

¿Por qué limitar el único reducto del mundo donde lo ordinario nunca ocurre,
y lo extraordinario es lo ordinario,
como fuego iridiscente agitando el cielo,
como atardeceres sacados de mundos remotos,
sobre el que astros dibujan luces cegadoras,
y una lenta brisa acaricia tu rostro,
recorriendo tu cuello, erizando tu piel?

¿Por qué? Déjala volar.


Aunque este texto parece sacado de un guión a caballo entre una película de David Lynch y otra futurista, es un extracto de notas que tomo durante momentos en los que, por ejemplo, la televisión está encendida pero ya hace rato que no le presto atención, o mientras viajo, sea conduciendo, lo que me obliga a memorizar, o de pasajero lo que me obliga a anotarlo donde pueda. “Aparecen”, sin más.
Les he dado algo de forma para que, de alguna manera, tengan sentido como post en un blog. No deja de ser una reflexión sobre lo que, en mi opinión, solemos limitar nuestra imaginación.

La contradicción coherente

Sin razón aparente un día me vi inmerso en pensamientos aleatorios sobre el comportamiento de las personas en ciertos casos y por azar o inconscientemente llegué a una conclusión: debo pensar menos. En realidad esa no fue la única conclusión, también esta otra: los seres humanos somos eminentemente contradictorios. Increíble haber llegado yo solito a esto, ¿eh?.

En este momento tengo una opinión sobre un asunto en concreto, pero minutos más tarde o incluso simultáneamente, sin saber muy bien por qué, pienso todo lo contrario. Soy como una veleta. Un chaquetero. No hay quien me entienda. Estoy en la parra. Se me va la pinza, la olla, la almendra…

Es cierto que a priori se intuye que el ser humano cae fácilmente en contradicciones, y lo que es más absurdo, trata de corregirlas. Intenta no parecer incoherente con lo que ha mostrado de sí en el pasado, ya que hacer ver que ni tú mismo, pobre diablo, sabe qué es lo que quiere, es de débiles mentales.

Parte de la conclusión a la que he llegado es también que, igual que no rehuimos de nuestra naturaleza caduca porque es inherente a nosotros, no deberíamos rehuir del aspecto contradictorio que nos acompaña toda nuestra vida y que por cierto nos ayuda a conocernos. En el primer caso es obvio que no podemos renegar de hacernos viejos, pero en el segundo caso, tal vez porque parezca evitable forzando el comportamiento, no es tan obvio e intentamos denostarlo con esfuerzo sobrehumano que resulta decididamente inútil aunque algunas personas parezcan estrictamente coherentes. En realidad están haciendo un esfuerzo superficial y de embellecimiento exterior que tarde o temprano les dejará en off-side con el inconveniente de además sentir el ego herido. Y las causas que, en mi opinión, provocan esta contradicción son definitivas para aceptar que somos una cosa y la contraria, que el individuo cuenta con infinitas formas de pensar según el momento, sus experiencias, los sonidos, los colores, los rayos cósmicos o si hace frío o calor. No digo que sobre ciertos asuntos no tengamos una creencia firme pero mi opinión es que en esencia lo somos. 

¿Qué nos lleva a tener estos vaivenes espirituales? Si vamos tirando del hilo llegamos a los instintos animales del hombre, pero vamos a parar a medio camino en esta disertación y me quedaré con la naturaleza analítica del cerebro para los más dogmáticos, o el deseo del pensamiento de buscar respuestas para los más filosóficos. Nuestra inquietud, hacernos preguntas, buscar belleza en las cosas, perseguir lo perfecto, la complejidad de la personalidad, el amor, el odio, el carácter infinito del espíritu con sus infinitas posibilidades en su imaginación… si se lo tuviera que enunciar a un ingeniero (yo lo soy), le diría que somos un sistema no lineal y entra entonces en escena la teoría del caos, apasionante para los amantes de la ciencia.

El comportamiento humano quizás sólo sea explicable mediante la poesía. No creo que haya teoría posible que explique por qué yo, ahora mismo, veo inútil estar escribiendo esto aún siendo una de las cosas que más me llenan del mundo.

Cassettes y cedés titulados “Varios”

Creedence Clearwater Revival tienen algunos de los temas más versionados de la Historia, y su influencia es innegable en todo el panorama musical. Pero no me voy a centrar en CCR en este post, sino en la época en la que la pasión por la música nació en mí.

Este fin de semana, escuchando su increíble música en La Cabaña en el precioso paraje de El Castañar de mi ciudad natal, Béjar, vino el recuerdo de momentos compartidos con amigos a los que les descubrí sus temas a la par que ellos me descubrían a mí otra música.

Tengo debilidad por el intercambio de bandas, estilos, canciones de cualquier época con cualquiera que sufra también esta debilidad. Siento desasosiego de saber que hay auténticas obras de arte aún esperando que las encuentre y es por ello que escucho y escucho, como el que nunca encuentra aquello que le completa.

Recuerdo y conservo con cariño aquellos “cassettes” y “cedés” titulados “Varios”, en los que grabábamos desde Nivana, Bruce Springsteen, Queen y Deep Purple hasta Siniestro Total, NOFX y No Doubt (en el concierto que aparece en el vídeo del link estuve yo), pasando por PennywiseMecano… Lo que es un “Varios”. Cuando salía con alguna chica separaba la música en “Tranquila” y “Varios”, grabando en el primero lo que podíamos escuchar juntos y en el segundo todo lo demás. Siempre se colaba alguna canción un poco más movidita, pero en “Tranquila” predominaban las baladas. Mi concepto de balada, también he de decirlo, estaba un poco desdibujado, incluyendo como tal el All Along the Watchtower, siendo interrogado, inmediatamente tras comenzar a sonar, sobre mis conocimientos de Alejandro Sanz o Sergio Dalma, extensos también aunque en este caso por supervivencia. Disculpen la ausencia de enlaces.

Es conveniente recordar que antes no existía el uso extendido de Internet, y mucho menos para compartir y descubrir música, por tanto, las reuniones con amigos, la radio y TV, y el intercambio de música era la manera de hacerlo. Recuerdo que en el verano de 1997 mis padres me regalaron mi primera guitarra, y yo, loco por hacer sonar aquello distinto a un gato en celo con un ataque de risa, me “empoyé” un método de guitarra y conseguí tocar canciones decentemente, lo que hacían aquellas reuniones de guitarras algo maravilloso.

Los conciertos de nuestros grupos favoritos fueron llegando: festivales, locales minúsculos, estadios… No tengo ni un solo mal recuerdo de ninguno de ellos, si bien es cierto que por aquel entonces los conciertos significaban moratones, cansancio extremo, pérdida de ropa y afonía, pero disfrutábamos como locos. Nunca fui de los que se subían al escenario para tirarse confiado sobre la muchedumbre, porque vi en infinidad de ocasiones cómo se abrían las aguas, lo que provocaba el aterrizaje de la cara del sujeto en el suelo. Por lo demás los vivía plenamente . Si me meto hoy en este plan en uno de aquellos tengo la certeza de que moriré. Llámenle falta de costumbre o edad. O que hay un momento para cada momento.

Actualmente tengo poca disponibilidad “conciertil” debido a mi incipiente paternidad, aunque esto me permite ir a conciertos de Cantajuego donde, aunque nadie se sube al escenario para tirarse, lo paso bomba gritando “chuchuwá, chuchuwá, chuchuwá wá wá” y viendo cómo disfrutan los peques. Y bueno, hablando en serio, nunca rechazo una invitación a tiempo. ¿Música y compañía agradable? Como se dice comúnmente, me apunto a un bombardeo a las 3 de la mañana de un 2 de Enero. Pensando, de hecho, me doy cuenta de que he conocido gente increíble en conciertos.

 

Principio. Final.

Cómo nos cuesta aceptar lo finito de todo lo que nos rodea. El carácter temporal de las cosas provoca los cambios, y los cambios significan vida.
Pero también existe, al menos en mi ideario, el concepto “eterno”, a través de nuestra huella en las cosas, en nuestro paso por aquello que cambia, la vida. No una huella cualquiera, sino una especial, porque:
Todo lo que empieza
También tiene un final
Lo que haces mientras tanto
Si le pusiste pasión
Eterno será

La bondad y los niños

¿Qué es lo que atesora la esencia de la inocencia y la bondad pura?
Los niños.
¿Podríamos decir que los niños es donde empieza la bondad humana?
En mi opinión, sí. No podríamos hacer la prueba, pero tengo claro que si un ser humano naciera ya adulto, con todas las vivencias propias de su edad carente de simpleza y naturalidad, no tendría capacidad de repartir bondad. Es un aspecto de las personas, cuya semilla es la inocencia, la ingenuidad, una característica inherente al ser humano. Sin esa semilla no podrían nacer los buenos actos del futuro, y dudo incluso que existiera una ética.
Por tanto, ¿qué podemos esperar de la Humanidad si no protegemos la inocencia de los niños como algo sagrado?
Siempre me ha preocupado este aspecto, pero últimamente siento el desasosiego y la desesperación de ver tanto sufrimiento en los niños, en lugar de que vivan la infancia como tal. No puedo con ello y necesitaba gritarlo.